Mis 10 bocados del 2020

Comer es un placer y no hay mal año ni pandemia que me impida seguir haciéndolo. De acuerdo, en 2020 no ha habido platos exóticos ni internacionales porque prácticamente no he salido de entre nuestras fronteras, pero afortunadamente vivo e el país con la mejor cultura gastronómica del mundo y he podido seguir disfrutando de platos deliciosos y originales a pesar de que el Covid-19 tampoco lo ha puesto fácil. La hostelería ha sido uno de los sectores más golpeados en esta crisis, por lo que sirva este post para animaros a todos a visitar estos (y otros) restaurantes en cuanto sea posible para degustar estos tremendos manjares.

Dentro mis 10 bocados de 2020, como todos los años, y sin seguir orden de preferencia.

1. Txangurro gratinado (El Globo, Bilbao)

¿El mejor pincho que me haya comido en la vida? Yo creo que sí. Mira que es complicado, pero si tuviera que elegir una sola taberna de todas los que visité durante mi paso por el País Vasco, sería sin duda ésta. Merece la pena salir de la Plaza Nueva, donde está mayormente concentrada la oferta gastronómica de la ciudad, para disfrutar de su irresistible barra en la que, sin duda, este sencillo pero elaborado pinxto de txangurro es el rey absoluto. Pura mantequilla con sabor a mar.

No dejéis de probar tampoco el txipirón gratinado ni la tartaleta de crema de idiazábal con mermelada de higos y crujiente de queso, merecedores ambos de entrar en este ranking también.

2. Gyozas de Costilla (La Sartén, Tres Cantos)

Con el cierre de la hostelería y demás restricciones, en la primera mitad de año fue prácticamente imposible hacer grandes descubrimientos pero en cuanto se abrió la veda, supe que tenía que darme un gran homenaje. Busqué un restaurante especial, original y seductor fuera de Madrid capital y di con La Sartén, en Tres Cantos. Todo un acierto: ambiente formidable, productos de calidad y platos conocidos de lo más seductor con una innovadora vuelta de tuerca. Probamos el “no cazón” de lubina en adobo con mayonesa de cebollino y kimchi, causa limeña de pollo tandoori, tartar de salmón y aguacate macerado en aceite de clavo y canela con caramelo de yuzu y lima (el mejor de mi vida), tarta de queso templada con crumble de galleta y helado de violeta y la estrella de la noche (aunque, como veis, fue muy difícil decidir): gyozas de costilla a baja temperatura con barbacoa japonesa y reducción de salsa de anguila y chocolate. A-LU-CI-NAN-TE. En cada bocados notabas todos y cada uno de los matices.

Parece que fueron ellos los inventores del concepto “cocina-fusión”.

3. Tarta queso (Karrika, San Sebastián)

Dicen que la tarta de queso de “La Viña”, en San Sebastián, es la mejor del mundo. No sé si la mejor pero sí que está absolutamente deliciosa. No obstante, yo me quedo con la del bar vecino, Karrika. El sabor es alucinante: a queso, a nata, a huevos…. a producto natural y de calidad.

Sí que es cierto que la de “La Viña” tiene una textura más atractiva según las modas actuales, de esas con un puto más líquido y menos cuajadas,pero yo apuesto por la más compacta y no por ello menos cremosa de Karrika. Aun así, si estáis por San Sebastián tenéis que probar las dos.

4. Rape en salsa de setas y gambas (O Fuchela, Orense)

Lo bien que comimos en Galicia no se puede describir en u sólo post. No fue nada del otro mundo, pero es que al producto de la tierra no le hacen falta florituras: pulpo, croquetas de marisco, filloas, pimientos de padrón, rodaballo, raxo, zamburiñas, empanada…. pero me voy a quedar con uno: Julio, noche con temperatura ideal, el estómago “mal comido”  tras todo el día en carretera, el hambre típica que me entra a mí después de visitar un spa o termas y un restaurante para darte un gran homenaje a un buen precio cerca de Orense. Por encima del pulpo a la brasa y las filloas de marisco, los ganadores de la noche fueron los medallones de rape con salsa de setas y gambas. Para lamer el plato.

5. Cornetto de Pistacho (Pastelería Rosi, Bilbao)

¿Quién me iba a decir a mi que lo que iba a ser una visita turística al Mercado de la Ribera de Bilbao iba a convertirse en el mejor desayuno del año? ¡Y sin necesidad de smoothies, cafés, huevos benedictine o torres de tortitas! En un pequeño puesto (Pastelería Rosi) vi unos cornettos de varios sabores y no me pude resistir a pedir los rellenos de pistacho, tiramisú y limón.

Se me hace la boca agua al recordar la crujiente masa y la generosa y untuosa crema del interior…. ¡Me río yo de los dulces napolitanos! Dignos merecedores de entrar en este ranking.

PD: Larga vida a la crema (y helado) de pistacho.

6. Tortos (Sidrería Casa Pacho, Ribadesella)

En Asturias comimos mucho y muy bien. Por supuesto, hubo cachopo, hubo chorizos a la sidra y hubo queso de cabrales, pero me voy a quedar con algo que no había probado nunca: Los tortos. Se trata de una masa de harina de maíz frita con forma de minipizza en la que se pone algún jugoso ingrediente encima, que en nuestro caso fue foie y roquefort. Me recordó mucho lángos húngaro.

Grasientamente deliciosos.

7. Pintxo de foie (Sorginzulo, Bilbao)

Volvemos a Bilbao, la estrella de este post. Esta vez, nos vamos a la Plaza Nueva para probar este apoteósico pintxo de la taberna Sorginzulo: Foie a la plancha con brioche de leche de oveja y caramelo de nuez. No tengo palabras para este pintxo. Probé varios foies muy buenos en mi visita al País Vasco (En La Cuchara de San Telmo y el Bar Sport de Donosti), pero lo de Sorginzulo fue una cosa fuera de serie. El foie, sabrosísimo y bien marcado, el brioche, muy muy tierno, y la salsa muy bien escogida.

Apuntáis también el pintxo de croqueta de calamares, otro must.

8. Torrijas caramelizadas con helado de haba tonka (Rita Sibarita, Madrid)

Un sábado cualquier en un restaurante que ya conocíamos nos regaló una cena realmente deliciosa que no esperábamos. El canelón de rabo de toro y los ravioles de txangurro nos encantaron, pero entonces llegaron los postres y ¡BOOM! Uno directo a este post: Torrijas caramelizada con helado de haba tonka.

Si hay torrijas de brioche o caramelizadas nunca puedo evitar pedirlas pero lo del helado de haba tonka no me sonaba muy seductor ¿Qué era eso? A mí me sonaba a anko, la pasta de judía japonesa, que no me hace ninguna gracia, pero por alguna razón que desconozco la pedimos y ¡menudo acierto! ¡Qué manjar! Un sabor como a mezcla de coco y vainilla. Ya a toro pasado investigué y descubrí que es la semilla de un árbol típico de las Antillas y el Amazonas que en Europa se usa como producto gourmet en gin-tonics y repostería. Si alguna vez lo veis, no dudéis en probarlo. Un claro ejemplo de que en la gastronomía, como en la vida, no hay que dejarse llevar por ideas preconcebidas.

9. Alcachofas confitadas con foie y boletus (El Picatoste, Colmenar Viejo)

Si no fuera por la cantidad de aceite que hay que gastar para confitar, comería esto cada día. La noche en la que las restricciones de movilidad y el deseo de apoyar la hostelería local nos llevaron a este pequeño pero coqueto restaurante, nos dejó un saber de boca buenísimo, tanto literal como metafórico. Productos de una calidad soberbia y cocina elaborada con pasión y mimo tienen como resultado platos tan excelentes como este: Unas alcachofas que se deshacían en la boca, boletus muy bien seleccionadas, foie delicioso y una salsa para mojar 10 barras.

Esperamos repetir más en este próximo año.

10. Tortilla Rellena de Bonito (La Casa del Indiano, Santander)

Yo, Presidenta del Club de Fans de la Tortilla de Patata, no podía dejar fuera a las deliciosas porciones que disfruté en Cantabria, y no sólo por su “liquidez”, sino por su relleno. Hay que ser muy profesional para rellenar una tortilla de patata sin arruinarla y en Cantabria lo hacen como nadie. Esa fina tela que corona el bonito con mayonesa es de premio. Esta la probamos en “La Casa del Indiano” en Santander,  después de encontrar Cañadío a reventar, pero estoy segura de que tiene poco que envidiar a la suya ya que todas las que probamos en Cantabria estaban excelentes.

 

Hasta aquí un año más con mi selección. Desde mi humilde espacio virtual quiero hacer un llamamiento a todos los foodies para que se animen a probar estas y otras delicias tan pronto la situación lo permita. Nuestro país es un país hostelero, tenemos la suerte de contar con excelentes cocineros y profesionales del sector y van a necesitar toda nuestra ayuda para mantenerse durante y después de esta horrible pandemia que nos ha tocado vivir ¡Hagamos que España siga siendo un paraíso gastronómico!

Nos vemos el año que viene, espero, con más variedad y la misma calidad.

 


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