Mis 10 bocados de 2018

Como ya es tradición, comienzo 2019 hablando de mi otra pasión: la gastronomía. Yo la llevo siempre muy ligada a los viajes, aunque no necesariamente tiene por qué ser así; de hecho, veréis que hay platos que se pueden disfrutar sin irse a la otra parte de mundo… y otros que sí, no lo voy a negar.

El año pasado fue de nuevo bastante viajero, cosa que no hace más que enriquecer esta pequeña selección con la que, sin más dilación, ya comienzo.

Tarta de yuzu, coco y cardamomo en Villa Paramesa (Valladolid)

Con estos ingredientes tan, digamos, exóticos nadie pensaría que estamos hablando de una tapa dulce servida ni más ni menos que en Valladolid. El restaurante Villa Paramesa es ya un habitual en esta sección: Sus tapas clásicas como el “Socarrat” son de cata obligada cada vez que visito la capital pucelana, pero es que no para de añadir delicias a la lista. Fueron varias las dignas de ser incluidas en esta sección pero me decanto por escoger este fantástico postre.

Galleta de cardamomo (que sabe a cardamomo), crema de yuzu (una fruta japonesa de sabor cítrico que cada vez vemos más por Occidente), conchas de coco y merengue forman una especie de tarta deconstruida que te transporta a un edén culinario. La típica tarta de limón en  versión 5.0. Sublime.

Bakso Ayam (Indonesia)

Podría decir tranquilamente que Indonesia ha sido uno de los 3 países donde mejor he comido en mi vida, por lo que dedicaré un post especial a la gastronomía de este país. Por este motivo, ha sido dificilísimo escoger los platos que quería incluir en esta selección. Todo estuvo delicioso y además natural. Real food total.

El primer plato del viaje del que voy a hablar no lo probé en un idílico restaurante para turistas, sino en casi destartalados puestos de carretera atestados de locales, sinónimo de calidad en la mayoría de los casos. Se llama Bakso Ayam, una sopa de verduras y una especie de albóndigas elaboradas con carne de pollo que en ocasiones contienen además un huevo duro dentro (si no, lo llevan fuera). Sencillo, maravilloso y, como diría el chef Jamie Oliver, “confort food”, es decir, comida reconfortante, la de toda la vida, la de la abuela.

Goiko Smoke en Goiko Grill (Madrid)

Como buena “burger lover”, no podía dejar de incluir una hamburguesa en esta sección y, de nuevo,  la elegida en 2018 es del mítico Goiko Grill ,que no deja de innovar y de superarse año tras año.

Allá por verano, anunciaron la “Smoke Experience”, una experiencia, valga la redundancia, que se podía disfrutar en un restaurante seleccionado casi cada semana y con unidades limitadas, por lo que era necesario hacer reserva utilizando un código especial. Así, como regalo de cumpleaños disfruté de esta hamburguesa con ingredientes tan típicos como carne, lechuga de Batavia, cebolla caramelizada, bacon , cheddar y salsa barbacoa pero con un toque especial por el delicioso sabor ahumado de todo el conjunto, pues se servía cubierto con una campana que los camareros retiraban con movimientos circulares. Una burger de medalla.

Croissant de Red Velvet en Choupana Café (Lisboa)

¿Quién me iba a decir a mí que iba a probar el mejor croissant de mi vida en Lisboa? ¡En Lisboa! Cuando creía que era imposible que alguno superara o tan siquiera se acercara a los míticos Manolitos, me topo con esta maravilla de Choupana Café que manda a los Pasteles de Belem a un segundo plano (por cierto, dejaos de imitaciones… tenéis que probar los auténticos en Pastéis de Belem).

Había fichado este sitio en internet antes de ir y lo visitamos 3 veces en 3 días. El croissant era enorme, con  cuerpo y consistencia, blandito, relleno de chocolate y coronado con una crema de praliné y almendras ¡Y solo costaba 2€! También probé en relleno de nutella y nueces y….¡madré mía! Un imprescindible en Lisboa si disfrutáis con estas cosas.

Perdidos en Korea Town (Hattori Hanzo)

El plato del año sin ninguna duda. A falta de viajes, en Semana Santa nos dimos un homenaje culinario en un lugar al que teníamos bastantes ganas: Hattori Hanzo, una ikazaya (taberna japonesa) en el centro de Madrid. Allí probamos varios platos, todos deliciosos, pero sin duda el mejor fue esta lasaña coreana de cangrejo real, manzana verde, cremoso de leche de oveja y kimchi coreano.

No tengo palabras para esta delicia. Sabe a todos y cada uno de los ingredientes mencionados y el resultado global es una combinación escandalosamente buena. Hay parte mala: Los precios… No pongo en duda la calidad (sí la cantidad), pero he comido en sitios con estándares similares y eran bastante más razonables. Una comida para 2 con 4 platos a compartir, 2 limonadas y un postre superó los 80€.

Rica Rica en  Warung Sunny (Gili Air –Indonesia)

Este warung (restaurant en indonesio) tiene su buena fama ganada a pulso. Comida típica con aires vanguardistas gracias a su fantástico chef, que imparte allí también cursos de cocina, le han convertido en uno de los mejores restaurantes de las islas Gili y por supuesto yo no me lo podía perder durante mi parada en el archipilélago. Degustamos varios platos y bebidas deliciosos pero el elegido para esta selección es el Rica – Rica: Pollo cocinado en aceite de coco acompañado de una salsa picante típica de la isla de Sulawesi a base de jengibre, cúrcuma, tomate, chili y perejil. Acompañado de una gran oblea para mitigar el picante, eso era el cielo…

Para compensar, pedimos también un Opor,  un cremoso curry de coco y tofu procedente de la isla de Java.

Estofado de Reno en Hotel Ellsten (Estocolmo)

Suecia fue otra de mis paradas internacionales de 2018. Muchos recordaréis la polémica hace años con las albóndigas de Ikea hechas con carne de caballo y lo cierto es que sí, allí las albóndigas (independientemente del animal) son el plato más típico, pero el que me conquisto es el estofado de reno. ¡Qué carne tan exquisita! El sabor es diferente pero muy tolerable y la salsa que lo riega también es deliciosa (suele ser una mezcla de nata o leche evaporada, jugo de la carne y salsa de soja acompañado de un poquito de confitura de arándanos).

Como ya posiblemete sabréis, Suecia no es un país barato, por eso os recomiento bastante el restaurante del hotel Ellsten, donde podréis degustar carne de alce y reno a precios razonables (15-20€).

Canelón de Carne y salsa de Foie, Setas y Trufa – La Maquinilla (Colmenar Viejo, Madrid)

No me tuve que ir muy lejos para probar este manjar: Mi pueblo de toda la vida. Llevaba un tiempo sin ir a este restaurante y la carta estaba totalmente renovada ofreciendo opciones de lo más “trendy” como el poké bowl o los bao buns, pero me decanté por este clásico que combinaba ingredientes que nunca fallan: carne asada, trigueros, y salsa de foie, setas y trufa.

Para repetir varias veces, de verdad.

Baozi de Cactus en Bar Pajarita (Madrid)

¿A qué sabe un cactus? Pues la verdad es que ni lo sabía ni me lo había planteado pero cuando probé este plato del restaurante “Pajarita” , lo supe. Un cactus debía saber exactamente a eso que me estaba comiendo, no había más opción. Cuando das el primer bocado, la imagen del cactus encajaba perfectamente con el sabor que estás percibiendo, así que este plato debía estar aquí sí o sí por original.

La tapa en si son 4 mini panes tipo bao rellenos de nopal (la única variedad de cactus que se puede comer), aguacate, mayonesa de hibisco y crema de pepino de forma que el gusto era entre ácido y dulzón. A cactus, vaya

Mango Cheesecake en Nugget’s Corner (Lombok, Indonesia)

Como toda buena comida que se precie, había que cerrar esta selección con un gran postre. De nuevo, muchos son los que podrían ser mencionados pero me quedo con el espectacular cheesecake de mango del restaurante Nugget’s Corner en la ciudad de Kuta, al sur de Lombok. Había leído que las tartas eran espectaculares (la comida no se queda atrás) y allá que fuimos a probarlas el primer día.

Lo que más me gustó de esta tarta no fue la peculiaridad de que dejara la fresa a un lado e incluyera mango, sino la fantástica base a medio camino entre la galleta y el bizcocho y que combinaba especias o ingredientes nada habituales para la misma como el dátil para endulzar, la nuez moscada, el jengibre además de otros que no acierto a identificar pero que eran perceptibles, porque nunca había probado otra que supiera parecida. Un 10.

Y hasta aquí este viaje culinario. Escribiendo no dejaban de venirme a la mente más y más platos que he descubierto este año y aunque mi idea es siempre fijarlo en 10, no quisiera tampoco dejar en el olvido el riquísimo pollo frito, el tempeh crujiente y los bowls de fruta de Indonesia, el sushi fresco del bar Sakaba en Fuenlabrada,  el pollo a la brasa y el arroz con pulpo de Lisboa, la tapa “Los Tres Cerditos” del ya citado Villa Paramesa en Valladolid, los pozales de chocolate blanco caliente en la cafetería Chokkladkoppen en Estocolmo, las fantásticas pizzas de Grosso Napoletano, los platazos combinados sanos de Honest Greens, los innovadores perritos calientes de Paper Boy o las palmeras rellenas de La Genovesa en Madrid.

Espero no haberos despertado mucha gula…. O sí si eso supone que vayáis a probar alguno de estos manjares y luego me lo contéis ¡Feliz 2019 a todos!


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