Mis 10 bocados del 2017

Empieza 2018 y seguimos con los balances porque afortunadamente hay mucha tela que cortar y este post, que ya se va convirtiendo en tradición, me gusta particularmente. Ya sabéis que para mí una de las mejores formas de bucear en la cultura de un país es a través de su gastronomía y este año he vuelto a disfrutar comiendo mientras viajaba, pero también sin moverme de Madrid, mi ciudad. Siendo así, tal y como hice el año pasado, os cuento los bocados (y sorbos) que más me han llamado la atención en 2017, aunque la selección ha sido difícil.

Hot Dog en TöLTő (Budapest)

El mejor perrito de mi vida sin lugar a dudas. Resulta que una de las comidas más típicas de Hungría son las salchichas y durante mi visita a Budapest comprobé como en el restaurante TöLTő (que llevaba bien apuntado) han sabido sacarles el máximo partido con 4 variedades de perritos que volverían locos a cualquier foodie.

El mío era de salchicha de jabalí, shitakke, algas wakame, esponja de espirulina y salsa chinkiang. No digo más.

Taiyaki en “La Pecera” (Madrid)

Si tenéis  Instagram probablemente sepáis de lo que hablo pero si no es así, os entro en detalles: Se trata de un cucurucho con forma de pez de una consistencia a medio camino entre bizcocho y galleta con forma de pez que va relleno de helado.

Su origen es japonés que ya llevaba tiempo haciéndose popular, pero este año ha cruzado todas las fronteras y se ha convertido en la estrella del verano. Sin ir más lejos, La Pecera, que es el local especializado más conocido en Madrid, ha tenido colas de más de una hora para hacerse con uno de estos helados. Por suerte, fui en agosto y estaba casi vacío. La gente disfrutaba de sus vacaciones y yo de este taiyaki de chocolate con helado de salted caramel y toppings de pipas caramelizadas, galleta y salsa de chocolate blanco. Una combinación deliciosa.

Momos (Nepal)

Me encantan las gyozas, esas empanadillas chinas que se pueden tomar tanto hervidas como a la plancha. En los supermercados y los restaurantes occidentales no suelen ser demasiado económicas y las raciones son más bien escasas, una pena, pero en Nepal me resarcí comiendo momos, un plato tibetano muy popular en el país del Himalaya.

Por algo más de 1€ al cambio, te ponían una ración de 10 unidades que podían estar rellenas de vegetales, pollo o búfalo…. en definitiva, para ponerse las botas.

Ensalada del día en “La Famille” (Marrakech)

En Marruecos comí estupendamente.  Fui a restaurantes turísticos pero de corte algo más local y tradicional con una sola excepción: “La Famille”, un lugar “chic”, vegetariano y de postureo total… pero me dio lo mismo. Allí comí una deliciosa ensalada que estoy deseando reproducir en casa: couscous, calabacín a la plancha, granada, menta, albahaca, cacahuete, queso fresco al aroma de ajo, guacamole, pipas de calabaza, albaricoque deshidratado y vinagreta de mermelada de limón.

El pan y los postres de lujo también.

Gulab Jamun (India)

Mirad que investigo todo sobre restaurantes y gastronomía antes de visitar un lugar pero jamás había oído hablar de este sencillo postre hindú: una masa frita de leche condensada y harina en forma de bolas que después se remoja en un almíbar a base de agua de rosas, azúcar, cardamomo y azafrán.

El primero (y mejor) lo probé en Peacock, el restaurante de mi hotel en Jaipur, el Pearl Palace. Más adelante, uno de mis conductores de tuk tuk nos contó que el kilo estaba a unas 320R en pastelerías frente a los 80R por 2 unidades que cobraban en los restaurantes, así que desde ese momento disfruté de ellos como los locales.

Setas en “El Brote” (Madrid)

Este año descubrí este concepto de restaurante que me pareció de lo más interesante. Su menú está basado en distintos tipos de setas, que recolectan los propios dueños para  idear una carta innovadora y atractiva pero sobre todo abierta, es decir, como reconocen en su web “va cambiando con el ánimo del cocinero, el bosque y sus caprichos”.

Probé 3 platos deliciosos pero me quedo con los níscalos con butifarra, alcachofa, berenjena y salsa de azafrán. Un lujo.

Sopa de Cheesecake en “Bors Gasztrobar” (Budapest)

He disfrutado muchísimo en Budapest en gran parte gracias a su oferta gastronómica. Buena culpa de ello la tiene Bors Gasztrobar, un local pequeño y con una atmosfera a medio camino entre el hip-hop y Stars Wars llevado por un magnífico y creativo grupo de jóvenes.

Están especializados baguettes y en sopas que cambian diariamente. Comí allí en dos ocasiones y en ambas salí encantada con todo lo que probé, pero como amante de la tarta de queso, me tengo que quedar con esta sopa fría de cheessecake. Este local será una de las razones por las que vuelva.

Patatas bravas en “De Cháchara” (Alcobendas)

Sin leer en título, seguro que todo el mundo diría que la foto es de unas porras. Pues no, como veréis se trata de patatas bravas pero con una forma y presentación mucho más innovadora y apetecible.

Las probé en el restaurante “De Cháchara”, en Alcobendas. Curiosas, crujientes y sabrosísimas.

Batido de aguacate y dátiles (Marrakech)

Mirad que soy fan de los batidos verdes desde muchísimo antes de que empezara toda esta moda pero jamás se me habría ocurrido emplear aguacate en uno, con lo que me gustan. En Marrakech, con su clima tropical, esta fruta está por todas partes; la probé mezclada con leche en un restaurante y me encantó, así que al día siguiente fui en busca del mejor puesto callejero de batidos y no sólo la encontré, sino que me ofrecieron combinarla con batido de dátil, otro de mis frutos favoritos… y toqué el cielo. Ya no volví a beber otra cosa.

Pollo Korma en “Tandoori Station” (Madrid)

Aunque en India comí muy bien, curiosamente la mejor comida hindú de este año no la probé allí, sino en Madrid. Del restaurante Tandoori Station me gustó todo: la decoración, el ambiente, la vajilla, el servicio… pero lo de su cocina es de otro mundo. Todos los platos estaban deliciosos pero me quedo con mi receta favorita: el pollo korma. Cremoso, suave y sabroso.

Como veis he disfrutado muchísimo con platos para todos los gustos. Espero poder seguir en la línea para que el año que viene pueda volver a hacer una lista similar y que, por supuesto, continúe siendo complicado hacer una selección de tan sólo 10, signo de que seguiré haciendo lo que más me gusta: viajar y comer.

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