Ruta de 20 días por India y Nepal

Tres semanas de vacaciones y dos remotos países que visitar, teniendo en cuenta que uno de ellos bien podría ser un continente. India es un país que ya por sí mismo coparía el viaje, y eso sólo si nos ceñimos al norte del país. Nepal es muchísimo más pequeño pero si a la visita de Valle de Katmandú, para la cual se recomiendan 3-4 días, le añadimos un trekking, la cosa se complica ¿Cómo cuadrar el itinerario para 20 días en ambos países? Aquí os lo cuento.

A la hora de buscar los vuelos, valoré si entrar por Delhi y salir por Katmandú o viceversa. El precio era idéntico, pero los horarios eran mejores empezando por Nepal a pesar de que la ruta me obligaba a hacer noche en Abu Dhabi. El caso es que esta elección resultó ser un error y no lo supe hasta más tarde: Desde hace un par de años se ha habilitado la E-VISA para India, que se puede solicitar online por 50$. Cual fue nuestra sorpresa cuando vimos que sólo era válida si entras al país por determinados puertos y aeropuertos internacionales. Si entrabas por tierra, como era nuestro caso, había que solicitar la visa presencialmente o por correo en las agencias concertadas por la embajada en Madrid y Barcelona. Total: Total: 115€

Ruta

Día 1: Madrid – Abu Dhabi (escala larga)

Aprovechamos para ver la Mezquita Sheik Zayed por fuera, ya que era Ramadán y cerraban antes, y dormimos en el centro a pesar de haber podido hacerlo gratis en cápsulas del aeropuerto, pero ¿cómo no aprovechar?

Día 2: Llegada a Katmandú

Era otro mundo. Recorrimos Thamel, visitamos la Plaza Durbar, el templo Shree Gha Vihar y mercados del centro. Terminamos el día cenando un delicioso thali nepalí y probando los típicos momos.

Día 3: Katmandú

Por la mañana, trámites para obtener los visados del trekking en la oficina de turismo y visita en transporte local (una locura divertidísima y auténtica) a la ciudad de Patan. Por la tarde, subimos a Swayambunath, el templo de los monos, y regresamos andando a Thamel viendo las escenas cotidianas de la parte no turística de la ciudad. Cenamos estupendamente en New Orleans Café, recomendado por Lonely Planet.

Día 4: Katmandú

Desayunamos con unas inmejorables vistas a la estupa de Boudhanath, nos unimos a una procesión de locales y subimos andando al Monasterio Tibetano de Kopan. Nos dedicamos a la compra de souvenirs y varias cosas para el trekking y terminamos el día viendo como anochecía en Boudhanath de nuevo, cenando en una de las azoteas.

Día 5 :Katmandú

Compramos nuestro billete a Pokhara en una agencia y fuimos en transporte local primero a Nagarkot, a ver si podíamos ver el Everest de lejos, y luego a la increíble ciudad medieval de Bhaktapur. No hubo suerte en lo primero, pues es algo difícil en época de lluvia, pero había que intentarlo. Bhaktapur nos encantó… tanto que dejé allí un pedacito de mi vida: Mi móvil. De regreso en Katmandú, visitamos el templo de Patsupatinath y vimos nuestras primeras cremaciones. Sobrecogedor.

Día 6: De Katmandú a Pokhara: La Iliada.

La odisea de Ulises, un cuento de navidad al lado de esto. Lo que iba a ser un trayecto en autobús de 200km en 6 horas y una tarde de relax en Pokhara, se convirtió en un infierno de 18. Atasco kilométrico, calor bochornoso, turistas desesperados, locales huyendo de posibles desprendimientos de la montaña por el Monzón, pueblos desabastecidos, mareos, ambulancias y la amenaza de estar parados durante días. Como por arte de magia, la situación se resolvió por la noche y llegamos a Pokhara a la 1 de la madrugada. A causa de esto,  decidimos retrasar el inicio del trekking un día y dedicar el siguiente a reponernos de esa paliza física y psicológica, porque además habíamos empezado con el “mal del viajero”. Como inicialmente habíamos calculado un día de más para Varanasi por si se complicaban las cosas más de la cuenta en el paso de la frontera, lo utilizamos para esto y no hubo que reestructurar el viaje.

Dia 7: Pokhara

Aquel día lo dedicamos a descansar, reponernos y comer suave. Compramos el billete de autobús a Lumbini, la frontera con India, y paseamos por la orilla del lago Phewa.  Poco nos duró la tranquilidad: Por la noche se nos rompió el móvil que nos quedaba ¿Cómo íbamos a irnos de trekking por el Himalaya sin guía y sin teléfono por si nos pasaba algo? Pasé el resto de la noche sin dormir, imaginando todo tipo de calamidades y posibles soluciones.

Día 8: Poon Hill Trek I

Desde Recepción, avisamos a la familia de la situación y decidimos continuar con el plan.  Al fin y al cabo, existen los móviles desde hace 15 años y aún menos con internet, y la gente lleva haciendo trekkings toda la vida. Fuimos en taxi  hasta Nayapul, nos timaron un poco, y comenzamos la dura caminata. Seis horas y media y 1000 metros de desnivel hasta Ulleri, que así dicho no parece nada pero es MUCHO. Pasamos la tarde con otros interesantísimos viajeros en el guest house, cenamos y repusimos fuerzas para continuar.

Día 9: Poon Hill Trek II

La etapa era la más dura, supuestamente,  pero a mí, habiendo comido mejor y dormido como es debido, se me hizo muchísimo más llevadera que la del día anterior. Subidas, bajadas, llanuras, árboles y cascadas hasta Ghorepani, un encanto de pueblo donde seguimos interactuando con gente local. Estábamos a 2.850 metros y el fresco se hacía notar. Las nubes apenas dejaban ver los picos y se pasó toda la tarde y noche lloviendo a cántaros, así que tiramos de ingenio para entretenernos.

Día 10: Poon Hill Trek III

La subida al amanecer al Poon Hill se vio frustrada por la interminable lluvia. A pesar de las nubes, subimos hasta los 3.250 metros y pudimos ver tímidamente las cumbres de los siete y ochomiles. Regresamos al hotel a desayunar y en ese momento sí pudimos ver la inmensidad del Daulaghiri con sus 8.167 metros. Maravilloso. Comenzamos la ruta hasta Ghorepani, la mayoría de bajada y llegamos 8 horas más tarde empapados, con sanguijuelas en las zapatillas y las rodillas reventadas, pero felices y con una nueva amiga coreana que fue todo un descubrimiento. Cenamos y nos alojamos en el mejor guest house del mundo: Asish Aama.

Día 11: Poon Hill Trek y vuelta a Pokhara

Desayuno épico y corta bajada andando hasta Kimche para coger un taxi que nos dejaría de vuelta en Pokhara tres horas después, pinchazo mediante. Los chicos del hotel nos recibieron con vítores. Descansamos y quedamos a que nuestra nueva amiga nos llevara a cenar una barbacoa coreana con un instructor de parapente inglés. Todo amenísimo.

Día 12: Pokhara – Varanasi por tierra

Partimos en autobús y llegamos a Lumbini siete horas después.  Cogimos un taxi, cruzamos la frontera a pie hasta Sunauli, estuvimos retenidos en el puesto de inmigración hasta que a los funcionarios les dio la gana y tomamos un abarrotadísimo autobús público que nos dejó en Gorakhpur 4 horas más tarde. Al menos fuimos sentados.  Sacamos un billete de tren en Sleeper Class porque no había otra clase y pasamos otras 6 horas de trayecto hasta Varanasi en un vagón lleno de gente hasta la bandera en condiciones casi infrahumanas, pero llegamos. Nos tocó sortear una maraña de taxistas y finalmente pudimos, caminando entre vacas, que eran lo de menos, llegar a nuestro hotel a las 6:30 de la mañana. Todo este trayecto en India lo hicimos con 750 rupias indias (¡10€ al cambio!) porque no encontramos una casa de cambio fiable en la frontera. Increíble.

Día 13 : Varanasi

El primer contacto con India había sido muy duro, así que decidimos dormir hasta el medio día. Comimos estupendamente en el restaurante del hotel e hicimos grupito con dos parejas españolas que hacían el mismo viaje que nosotros pero al revés. Por la tarde, bajamos juntos a ver la Ceremonia del Aarti y las cremaciones en Manikarnika Ghat. Ahí es donde vivimos toda esa espiritualidad que habíamos ido a buscar a la India. Cenamos en uno de los pocos restaurantes abiertos  y, como en todo el viaje, volvimos a disfrutar de la comida.

Día 13: Varanasi. Tren nocturno a Agra

Paseo en  barca por el Ganges al amanecer y tras descansar unas horas más, fuimos a callejear por la ciudad y visitar el Golden Temple. Repetimos comida en el hotel y por la tarde nos fuimos con nuestros amigos españoles a la ciudad budista de Sarnath,  un punto de pausa y tranquilidad en la alocada Benarés. A las 9:00 de la noche cogimos el tren que nos llevaría a Agra de nuevo en Sleeper Class. A pesar de haberlo comprado con antelación en España, no había billetes disponibles en clases superiores.

Día 14: Agra. Tren a Jaipur. Noche en Jaipur

Casi sin dormir, llegamos Agra con más de 4 horas de retraso. Dejamos las mochilas y nos duchamos gratuitamente en el Hostal Moustache para después (por fin) comer un delicioso pollo korma, tikki de pollo y un naan de ajo  en el restaurante Good Vibes. Fuimos andado al Taj Mahal y, como no podía ser de otra manera, nos enamoró a pesar de la multitud y las obras. Impresionante. Nos cayó la mayor tormenta del viaje y cuando escampó, regresamos al hostel a por las mochilas, encargamos cena para llevar y nos dirigimos en tuk tuk a la estación donde pasamos 4 horas esperando a nuestro tren retrasado destino Jaipur. Aquella vez viajamos en AC3 y pudimos descansar mucho mejor. Llegamos de madrugada a nuestro hotel, el fantástico Pearl Palace y cerramos con nuestro conductor la ruta para el día siguiente.

Día 15: Jaipur. Tren nocturno a Jaisalmer

Con el tuk tuk apalabrado, desayunamos chai y jalebi en un puesto callejero y recorrimos los cenotafios Gatore Ki Chhatriyan, el Fuerte Amber, el Water Palace, el Templo de los Monos y el Hawa Mahal. Pasamos también por un taller textil ridículamente barato y nos pusimos las botas con un esperadísimo pollo tandoori en el restaurante Green Tandoori. Pasamos el resto de la tarde en un cyber poniendo al día a la familia y cenamos en el restaurante de la azotea de nuestro hotel: Peacock. Fue ahí donde probamos por primera vez un vicio: El gulab jamun.

Fuimos a la estación de tren y el trayecto fue movidito: Íbamos en AC1 pero  después de 2 horas de viaje, nos avisaron para cambiarnos a otro compartimento AC1 a final del tren porque se iba a dividir en un punto. Lo hicimos en la siguiente estación y casi nos dejan en tierra… tuvimos que saltar en marcha.

Día 16: Jaisalmer

Una vez en Jaisalmer, nos recogió un jeep del hotel, el Tokio Palace. Comimos en su fantástico restaurante con vistas al fuerte y por la tarde nos fuimos de excursión al desierto del Thar, donde montamos en camello, vimos el atardecer y presenciamos bailes regionales mientras probábamos la comida de la zona.

Día 17: Jaisalmer. Tren nocturno a Jodhpur

Reservamos la ruta de la ciudad con el hotel por 450R/ persona para ir con el aire acondicionado del coche… el calor era sofocante.  Visitamos el lago Gadisar, el interior del fuerte con sus encantadoras callejuelas, los templos jainistas, los maravillosos havelis y el Mandir Palace. Repetimos comida en el restaurante del hotel porque estábamos encantados, hicimos la colada y de noche, nos llevaron en coche a la estación para coger el tren a Jodphur. Esta vez tocó clase AC2.

Día 18: Jodhpur. Tren nocturno a Delhi

Llegamos a primera hora y sobre la marcha, reservamos  una habitación con baño en Inda Paying Guest House por sólo 350R. Precio de risa para descansar, ducharnos y dejar el equipaje. Mejor que una taquilla. Visitamos el Mehrangarh, el que más nos gustó del viaje, los cenotafios Jaswant Thada, el palacio Umaid Bhawan y el mercado central de especias.

Entrada la noche, fuimos a la estación y salimos puntuales en clase AC1 hasta Delhi.

Día 19: Delhi

“Pobreza extrema” fue la primera impresión que nos llevamos de Delhi, después, “caos absoluto”, pero la vida funciona. Nos alojamos en la zona de Paharganj y, en metro, visitamos el Qutab Minar, el Lotus Temple y la Puerta de la India. Cenamos de lujo (y caro comparado con los precios locales, pero tirado para nosotros) frente al hotel en el restaurante India Grill.

Día 20: Delhi. Vuelo a Madrid a las 21:00

Por la mañana fuimos en metro al un tanto decepcionante Fuerte Rojo, nos sumergimos en el caos de Chandni Chowk y visitamos la mezquita Jama Masjid.  Con un tuk tuk, cerramos el tour con lo que nos pareció lo más bonito de Delhi: La Tumba de Humayun.

Repetimos comida en India Grill y fuimos en metro al aeropuerto, donde nos pusieron problemas por y para todo: por no llevar impresa la reserva de los billetes, para cambiar las rupias sobrantes, para registrar la salida del país (porque no nos habían registrado bien la entrada ) e incluso para comprar en una máquina expendedora.

A la hora prevista, el avión se elevó sobre la capial y exhaustos pero rebosantes de vivencias, nos despedimos de este intensísimo viaje.

Conclusiones

Como veis, en Nepal pasé 3 días y medio en Katmandú, uno en Pokhara y 4 haciendo el trekking del Poon Hill. Desde Pokhara, por increíble que parezca, lo más práctico era llegar hasta Varanasi por tierra, un trayecto que implica un mínimo de 24 horas y 3 medios de transporte.

En India, me centré en la zona norte. Decidí dedicar un día más a Varanasi para dejar mayor margen por si se complicaba algo en el paso por tierra y fue la mejor decisión que pude tomar, porque finalmente pasó: el atasco antes del trekking. Valoré la idea de ir desde Nepal a Varanasi, pero salvo un chárter para 50 personas que se reserva allí y en el que es complicado obtener plaza, no hay vuelos directos. Todos son con escala en Delhi. A pesar de eso y del incremento del coste, lo hubiera hecho así si nuestra ruta en Nepal hubiese acabado en Katmandú, pero como estábamos en Pokhara, había que echar 6 horas más por carretera hasta la capital, teniendo además que dejar más margen para imprevistos… porque está claro que OCURREN.

Por lo demás, sabía que debía dejar fuera algunas ciudades del Rajastán para poder cuadrar la ruta. Todo el mundo decía que me olvidara de Jaisalmer, ya que estaba muy lejos para tan poco tiempo, pero esa era precisamente la que más me atraía porque a diferencia de lo que ocurría con otras ciudades de India, todos los comentarios que había leído sobre ella eran buenos. Así que de la ruta típica, eliminamos Udaipur y Pushkar y elegimos Jaipur, Jodhpur, Jaisalmer además de Varanasi y Agra. El viaje terminaría en Delhi. Para aprovechar al máximo, hicimos los viajes entre ciudades en tren nocturno siempre intentando conseguir billetes en las mejores clases para ir lo más cómodos posible y este ha sido el resultado.

Teniendo en cuenta lo engorroso que resulta organizar un viaje en países tan “al libre albedrío”, con habituales y eternos retrasos en medios de transporte y múltiples imprevistos, acabé muy satisfecha. Todo terminó cuadrando, así que el tetris mental valió la pena.

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