Ruta de una semana por Praga, Viena y Budapest

Es un poco pronto para pensar el diciembre y su ambiente navideño, pero no para El Corte Inglés ni para aquellos que sin haber vuelto de viaje, ya estamos  pensando en el siguiente.  Por eso y porque la antelación es esencial para organizar un viaje de manera económica, hoy vengo a proponeros un destino ideal para esas fechas invernales: Una ruta por Praga, Viena y Budapest, tres ciudades rebosantes de historia que con luces, decoración navideña y quizá un manto de nieve son aún más bellas si cabe.

Llevaba años deseando visitarlas y no concebía hacerlo de otra forma que no fuera con una ruta que englobara las tres. Hubiera sido ideal poder dedicar un día más a cada ya que en esa época hay muchas menos horas de luz pero con una semana completa fue suficiente para conocer sus principales atractivos.

Lo más práctico es entrar por Praga y salir por Budapest, o viceversa, según el precio de los vuelos. Ambas están muy bien comunicadas por tren y carretera con Viena, a medio camino entre ambas y además, si el tiempo lo permite o la oferta de vuelos es atractiva, se puedo incluir también Bratislava. Por los precios y horarios de los vuelos, yo entré por Praga, fui en autobús hasta Viena, y de allí de la misma forma a Budapest.

La idea era hacer los viajes entre ciudades en tren, pero pude confirmar el viaje con apenas 2-3 semanas de antelación y los precios y disponibilidad no lo hacían lo más recomendable. En autobús con las compañías Flixbus y RegioJet fue¡e todo de maravilla y a un precio mucho menor.

Y ahora así, comenzamos. Esta fue mi ruta.

DIA 1: Praga

Era sábado y salimos de Madrid muy, muy pronto: A las 6:00 de la mañana y con Ryanair. Llegamos puntuales a Praga y el aeropuerto cogimos un abono transporte de 24 horas para coger después un autobús y el metro hasta nuestro hotel, el Flora House. Todo fue de lo más fluído. Dejamos las cosas allí y fuimos en metro hasta la estaciócín de Malostranská y desde allí tomamos el famoso tranvía nº 22 hasta el Castillo de Praga.

Una vez dentro del recinto, cola mediante, compramos las entradas del tour B para visitar la Catedral de San Vito, la Capilla de San Jorge , el Antiguo Palacio Real y el Callejón del Oro. Los que más nos gustaron fueron la primera, sencillamente espectacular, y el último, a pesar de lo abarrotado que estaba.

Comimos unos bocadillos de tortilla española que nos sobraron del desauyuno y quenos supieron a gloria en un mirador con vistas a la ciudad al tiempo que empezaba a nevar dibujando una estamapa preciosa.

Bajamos y recorrimos a pie el precioso barrio de Malá Straná, visitando también la Iglesia de San Nicolás y la Iglesia de la Victoria, hogar del famoso Niño Jesús de Praga.

Ya de noche, visitamos la zona de la Isla de Kampa, con sus bebés gigantes, el muro de John Lennon y el Molino del Gran Prior como atractivos principales.

Atravesamos el Puente de Carlos y por fin, visitamos la espectacular Plaza de la Ciudad Vieja envuelta en un fantástico ambiente navideño.

Algo más tarde fuimos a cenar al restaurante Mlejnice, donde degustamos platos tradicionales como el goulash en un ambiente medieval.

Terminamos el día entre los puestos de la Plaza degustando el mejor chocolate caliente que he probado jamás y el dulce típico húngaro: El trdlník.

DIA 2: Praga

Compramos desayuno para llevar en un supermercado cerca del hotel y bien temprano, fuimos en tranvía hasta la zona de la Casa Danzante, un lugar precioso junto al río y  lleno de contractes arquitectónicos. Antes de que se nos caducara el bono transporte de 24hrs, cogimos el metro hasta la Plaza de la Ciudad Vieja, donde vimos como el famosísimo Reloj Astonómico daba las 10:00 con su desfile de discípulos. A continuación, intentamos visitar el interior de la Catedral de Nuestra Sra. de Tyn, pero se estaba celebrando una misa, y aunque esperamos a la finalización, solo pudimos verla desde el fondo del edificio.

Nos acercamos andando a la Torre de la Pólvora para sacar la foto obligatoria y desde allí fuimos a pie al barrio judío, donde  sacamos el ticket para visitar el museo judío. Con el visitamos la Sinagoga Española, la Pinkasova, El Cemeterio Judío, la Klaus y la Maiselova. Los platos fueres fueron sun duda la primera y el cementerio.

Para comer, queríamos ir a alguna de las famosas cervecerías de la ciudad y por cercanía nos decidimos por U Kusntatu. Fue un error. La carta de cervezas era amplia, pero la de comida era escasísima y cara. Aún así, probamos dos cervezas y un aperitivo de queso  macerado. Para saciar al estómago, volvimos de nuevo a los puestos de la Plaza y probamos productos locales como el langós y la salchicha especiada.

Como nos encontramos cerrada indefinidamente la biblioteca del Clementium, que era nuestro plan para la tarde, volvimos  cruzar el Puente de Carlos en medio de una nieve que comenzaba de nuevo y esperamos a que el tiempo mejorara en el interior de una cafetería acompañados de unos cafés.  Ya de noche y con el resto de plannig cumplido, nos dedicamos a la búsqueda de nuestros souvenirs favoritos y buscamos un buen sitio para cenar codillo, que era el antojo del día. También probamos una reconfortante sopa de pollo y una pinta de cerveza.

Para finalizar, recorrimos el mercadillo de la Plaza de Wenceslao y compramos un billete de metro sencillo de vuelta al hotel.

DIA 3: Viena

Nos desperamos muy temprano y fuimos en metro hasta Hkvni Nadrazí para coger el autobús de la compañía Flixbus que nos llevaría a Viena. Las dársenas de estas compañías low cost están en el exterior de la estación y vienen muy mal señalizadas, pero a la hora prevista llegó nuestro vehículo y partimosen un viaje de de 4 horas en unas condiciones bastante cómodas.

Una vez en Viena, compramos abonos transporte para 48 horas y fuimos  a la zona de Westbanhof, donde estaba nuestro hotel. Dejamos las cosas, comimos en el centro comercial contiguo para no perder mucho tiempo y fuimos en metro hasta Stephansplatz, donde visitamos la Catedral, la Iglesia de San Pedro, la Columna de la Peste y las calles Graben y Kohlmart para acabar en Michaelerplatz.

Visitamos el interior del Palacio de Hofburg y sacamos el Sissi Ticket, que nos daba acceso al Palacio de Hofburg (Apartamentos Imperiales, Platería y Museo Sissi) y al Palacio de Schönbrunn, que visitaríamos al día siguiente. El paso por los apartamentos y la Platería nos resultó interesantísimo, y en el Museo Sissi conocimos muchos más detalles de esta icónica figura gracias a la audioguía.

Al salir, vimos como el sol iba cayendo en Heldenplatz y llegamos andando Rathausplatz, la Plaza del Ayuntamiento, donde se instala el mejor mercadillo navideño de la ciudad. Allí disfrutamos de la decoración de villancicos y de un rico strudel.

Para finalizar el día, llegó el gran colofón: Nos dirigimos en metro a la Ópera de Viena porque todos los días 90 minutos antes de la función ponen a la venta entradas de pie… pero a 4€, una oportunidad que no podíamos dejar escapar. Así, entramos al edificio y pudimos ver la representación de Elektra, una historia que ya conocíamos y que no nos fue difícil seguir durante la hora y media que duró.

Al salir, cerca de las 10 de la noche, no había apenas nada abierto para cenar y nos conformamos con unas hamburguesas de McDonald’s y una currywurst callejera.

DIA 4: Viena

Comenzamos el día algo más tarde que los anteriores pero no demasiado. Compramos cosas en un supermercado para desayunar y fuimos en metro hasta el Palacio de Schönbrunn, donde hicimos uso del Sissi Ticket de nuevo para visitarlo. Aunque la audioguía para la mayor parte era la misma que el día anterior, nos pareció una actividad imprescindible y un lugar precioso en el que destaca, por encima de todo, la Gran Galería.

Al terminar, fuimos en metro a Karlskirche pero nos encontramos el interior cerrado, así que sólo la vimos por fuera. Fuimos en tranvía a visitar el exterior del Palacio de Belvedere y cogimos de nuevo el metro para ir al otro lado de la ciudad a ver la famosa y curiosa Hundertwasserhaus.

Era una zona de bien así que ante el temor de un sablazo en alguno de los restaurantes, terminamos comiento en un oriental del centro comercial vecino. La comida fue el punto negativo de Viena.

Por la tarce visitamos Prunskaal, la impresionante biblioteca nacional e hicimos un amago de probar la tarta Sascher en el hotel que le da nombre, pero estaba abarrotado. Fuimos en metro a la zona del parque de atracciones Prater, que no estaba demasiado animada, y probamos unas enormes porciones de la famosa tarta que nos quitaron las ganas de cenar, así que regresamos al hotel y descansamos de un día de lo más aprovechado.

DIA 5: Budapest

De nuevo madrugamos y fuimos en metro y con tiempo a la otra punta de la ciudad, concretamente a la zona del Prater que habíamos visitado la tarde anterior. Cuando encontramos la dársena de la compañía RegioJet, pasamos al centro comercial a comprar algo de desayuno y las 9:30 partíamos hacia Budapest. Hicimos una pequeña escala en Bratislava para cambiar de autobús y finalmente llegamos a la capital húngara a las 14:15, con más de media hora de retraso.

Compramos abonos de metro para 72 horas y fuimos a la zona del hotel, el Walking Bed Budapest. Como estábamos muy cerca, fuimos al Mercado Central, donde dimos un paseo y probamos platos típicos como el töltött y el pollo relleno de bechamel. De postre, comimos un fantástico y completo gofre en un establecimiento cercano y nos dirigimos hacia la Plaza de loa Héroes, que visitamos de noche y decidimos revisitar al día siguiente para verla con luz. En realidad, el objetivo era terminar la tarde en los famosos baños Széchenyi y eso hicimos. Sacamos una entrada con cabina privada y otra de taquilla( la ordinaria), pero usamos ambos la cabina para mayor privacidad, aunqe es algo que no veo esencial porque las duchas son comunes igualmente.

Primer probamos las piscinas interiores, que nos parecieron de lo más normalito, y después pasamos a las del exterior. Era un lujo estar casi a 40º mientras en el exterior hacía un frio helador.

Cuando llegó la hora de cierre, nos apañamos para asearnos de la mejor forma, porque las instalaciones dejan que desear, y regresamos al barrio de nuestro hotel para cenar. Sólo parecía  haber bares árabes abiertos así que cenamos en un tipo kebab y nos fuimos finalmente a descansar.

DIA 6: Budapest

Comenzamos el día con un delicioso goFre y nos dirigimos muy pronto a la Plaza de los Héroes para verla esta vez con luz. Visitamos también el castillo de Vajdahunyad.

Regresamos a la zona de Kálvin tér para coger el tranvía nº2 para hacer un precioso recorrido junto al Danubio hasta el Puente de las Cadenas. Cruzamos andando esta enorme estructura y subimos andando a la Colina de Buda, donde vimos el cambio de guardia, visitamos el exterior del castillo y de la Iglesia de San Matías y disfrutamos de las preciosas vistas desde el Bastión de los Pescadores.

Recorrimos las calles de aquella zona, donde destacan la Iglesia de María Magdalena y el Hospital in the Rock, una visita que nos arepentimos de no hacer. Comimos en el buffet del restaurante Van Bistro a buen precio y de forma contundente, y el postre nos lo tomamos en Ruszwurm, la pastelería favorita de Sissi. Allí estuvimos hasta poco antes de que cayera el sol para ir después a disfrutar de la puesta desde el Bastión. Si Budapest es preciosa de día, de noche deja sin palabras.

Descendimos a pie y fuimos andando hasta la parada de metro Batthyany que queda justo enfrente del Parlamento. Una joya en la noche. Justo ahí, tuvimos la suerte de ver el tranvía de las luces, decorado con luces blancas en las semanas previas a navidad. Sólo decoran uno al día y se va alternando entre las distantes líneas.

Cruzamos de nuevo el Puente de las Cadenas, visitamos el animado mercadillo navideño de Vörösmarty y disfrutamos del ambiente de la zona.

Para cenar, nos desplazamos al Barrio Judío, con mucho ambiente juvenil y probamos las deliciosas salchichas de Töltó. Como no podía ser de otra manera, acabamos la noche en uno de los típicos ruin bars, concretamente en Szimpla Kert, el más famoso y donde disfrutamos un par de horas del un ambiente de lo más peculiar.

DIA 7: Budapest

Compramos el desayuno en un supermercado cercano y fuimos en metro hasta el Parlamento para visitar su interior. Ya llevábamos las entradas compradas desde cada porque es importante reservar con tiempo el tour en español.

En interior nos encantó, es una visita que realmente merece la pena no solo por conocer la historia del lugar en sí, sino por la arquitectura y la posibilidad de ver las joyas de la corona.

Al terminar, el tiempo había empeorado y no paraba de llover, aún así nos acercamos a la orilla del Danubio a ver el “Monumento a los Zapatos” y continuamos con planes de interior. Así, fuimos en metro hasta el Barrio Judío y visitamos la Gran Sinagoga y el Cementerio.

Para comer, fuimos a uno de los sitios top del viaje y de nuestra vida: Borsz Gastrobar, donde degustamos unos bocadillos y unas sopas de lujo. El tiempo seguía en sus trece, así que visitamos el interior de la Catedral de San Esteban y fuimos del nuevo al Mercado Central para comprar unos souvenirs. Nos duchamos y secamos en el hotel y después de un rato de descanso, fuimos a cenar a otro sitio increíble: Drum Café, donde disfrutamos de lo lindo de muchísimos platos de la cocina húngara.

DIA 8: Budapest y regreso a casa

Tocaba rematar el viaje y con mucho frío pero con la lluvia respetando, dejamos las maletas en la recepción del hotel, cruzamos andando el bellísimo Puente de la Libertad y subimos andando hasta la cima de la colina de Gellert, donde volvimos a deleitarnos con las preciosas vistas de la ciudad.

Regresamos al hotel a recoger las maletas y quisimos darnos un capricho gastronómico que nos hizo ir con mucha prisa al aeropuerto: Regresamos a Borsz Gastrobar a por ños últimos (del viaje, no de nuestra vida) bocadillos y sopas. Como la lina de metro al aeropuerto estaba en obras, nos tocó tomar el bus alternativo para parte del camino, lo que hizo que se alargaran un poco los tiempos. Justo cuando se nos acabañaban las 72 horas de abono transporte, llegamos a Kobanya Kispest y tomamos el bus al aeropuerto. Afortunadamente llevábamos maletas de mano y la tarejtas de embarque impresas, así que pudimos aligerar un poco los trámites y menos mal, porque el aeropuerto estaba abarrotado.

Así, subimos al avión con la sensación de haber exprimido hasta el último segundo de este fantástico y completo viaje. Historia, arquitectura, ambiente y gastronomía se dieron la mano para bridarnos una experiencia que recordaremos siempre y que recomiendo a todo el mundo. Y todo esto, a un precio que no os vais a creer, pero eso ya os lo cuento en otro post.

 

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