Rusia en una semana: Ruta por San Petersburgo y Moscú

Simpre que alguien me pide que le sugiera un destino, termino decantándome por el mismo: Rusia. Es un país relativamente cercano, diferente, interesantísimo y bastante más barato de lo que la gente se cree. Su extensión e historia bien merecen varias semanas de visita, pero prometo que 7 u 8 días serían suficientes para conocer lo principal de sus dos ciudades más importantes: Moscú y San Petersburgo. Este coctel de cualidades hace de éste un viaje asequible y apetecible para cualquiera. A continuación os cuento mi ruta, con las esperanza de poder ayudaros a planificar la vuestra.

Dia 1: Llegada a San Petersburgo

Salimos de Madrid a las 8:35 de la mañana para enfrentarnos a un largo pero interesante día de viaje. Tras una escala larga en Frankfurt que aprovechamos para conocer la ciudad, cogimos el segundo vuelo y aterrizamos en San Petersburgo a las 20:45. Pasamos el control de inmigración y fuimos al centro de la ciudad en transporte público, primero en el minibús K39 y luego en metro, una de los mayores atractivos de las principales ciudades rusas: Las estaciones bien podrían ser museos. Allí compramos 10 fichas para 10 viajes en metro… como llevábamos una parte del dinero cambiado desde España fue fácil.

Nos tomó un rato dar con nuestro hotel, el Minihotel Aleksandrovsky, porque daba a un patio interior y ahí ya empezamos con la divertida actividad de hacernos entender con los rusos, que por lo general hablan 0 inglés. Dejamos las maletas y fuimos a buscar algún sitio para cenar en el barrio. Aunque había bastante ambiente y varios restaurante, pensamos que quizá era algo tarde para que nos atendieran y nos decantamos por un KFC, que no era ni de lejos nuestra idea. Cenamos rápido y nos marchamos a descansar porque nos esperaba un largo día.

Día 2: San Petersburgo

Empezamos el día comprando un desayuno para llevar en un supermercado justo al lado del hotel, algo que repetimos durante el resto del viaje, y pusimos rumbo al palacio de Peterhof en transporte público, concretamente en metro y minivan de nuevo. Ya llevábamos las entradas para los jardines compradas desde casa para evitar las colas, pero no vimos tantas. Eso sí, dentro estaba lleno, pero disfrutamos mucho paseando entre jardines y fuentes. Os recuerdo que os dejé la información sobre cómo hacer esta visita por libre en este link.

Al terminar la visita cruzamos para ver la Iglesia de San Pedro y San Pablo, que estaba en obras pero nos ofreció la posibilidad de ver en vivo una boda ortodoxa que se estaba celebrando. Regresamos al centro haciendo una breve parada para visitar el Arco del Triunfo de Narva. Continuamos la ruta por metro y visitamos el exterior de la mezquita de la ciudad mientras tomábamos unos blinis salados camino a la Fortaleza de San Pedro. Allí compramos la entrada combinada para visitar la iglesia, donde se encuentran las tumbas de los Romanov, la cárcel, la Casa del Comandante y el Museo de la Cosmonáutica. Una visita muy muy interesante.

Cruzamos el río Neva por el puente y llegamos a la plaza del Hermitage justo cuando se desató una fuerte tormenta que duró unos minutos. Cuando amainó, dimos un paseo por la misma e hicimos una cena temprana en el bonito restaurante Gorohof, donde probamos varias delicias: pollo tepaka, ternera strogonof y tarta Napoleón. Regresamos al hotel no sin antes pasar por delante de la impresionante Catedral del Cristo Salvador sobre la Sangre Derramada, que visitaríamos más adelante.

Día 3: San Petersburgo

Desayuno de supermercado y en marcha hacia el Palacio de Catalina en transporte público, una visita que también hicimos por nuestra cuenta como también os conté aquí. Aprovechamos antes para visitar la plaza en Moskovskaya, al más puro estilo soviético. Compramos las entradas para los jardines en taquilla y tuvimos que hacer una cola de más de tres horas para poder acceder al interior del Palacio de Catalina y comprar la entrada para visitar los salones.  La espera se hizo eterna, pero afortunadamente el tiempo acompañó.

El interior nos pareció espectacular pero echamos mucho de menos no poder ir a nuestro ritmo,  ya que había que ir en grupos y en cada estancia sólo permitían un cupo de personas. A la salida, paseamos por los jardines y nos marchamos cuando empezaba a llover. Merendamos dulces típicos en un puesto y visitamos la coqueta Chesme Church. Después fuimos al centro a cambiar algo de dinero y para terminar, cenamos en el mejor sitio de todo el viaje: Duo Gastrobar. Alucinamos.

Día 4: San Petersburgo

Dejamos las maletas en el hotel, compramos desayuno en el súper y nos lanzamos a descrubrir todo lo que nos quedaba. Primero nos dirigimos a un lugar que no llevábamos anotado pero nos había llamado la atención el día anterior de camino al Palacio de Catalina y fue todo un descubrimiento: La Plaza de la Victoria, un monumento de lo más solemne. Desde allí, regresamos al centro de la ciudad y visitamos ya por fin por dentro la Catedral de Cristo Salvador sobre la Sangre Derramada. Sublime por dentro y por fuera.

A continuación visitamos andando el resto de los monumentos cercanos: La Catedral de Kazán, la estatua de Pedro I El Grande y la Catedral del San Isaac, sin duda una de las más bonitas que hemos visto por dentro. Nos deleitamos con delicias rusas comiendo en el acogedor restaurante Yolki Palki y fuimos hacia el Hermitage, pero las colas para comprar las entradas nos disuadieron de visitar sus salas: Ni somos apasionados de ese tipo de arte ni teníamos tiempo suficiente de ver una ínfima en las 2 horas que quedaban hasta el cierre, sin contar la espera en la cola. Decidimos así seguir visitando en metro  otras fantásticas catedrales: La de Smolny, que encontramos el obras, la de la Santa Trinidad y la de San Nicolás de los Marinos.

Con muchos kilómetros en los pies, regresamos al hotel a por las maletas y nos fuimos a las cercanías de la estación Moskovskiy Vokzal, donde cogeríamos el tren a Moscú. Antes, nos dimos un estupendo homenaje en forma de cena en el restaurante Bistronomika.

Con el estómago lleno, nos fuimos a disdrutar de otra de las grandes experiencias del viaje: la noche a bordo de un camarote privado en primera clase del mítico tren Flecha Roja, que cubre el trayecto entre San Petersburgo y Moscú en 8 horas durante la noche. Dormimos fenomenal y nos colmaron de atenciones.

Día 5: Moscú

La azafata del Flecha Roja nos despertó una hora antes de la llegada a Moscú para disfrutar del magnífico desayuno que habíamos encargado la noche anterior y que entraba en el precio del billete. Una vez en la capital rusa, sentimos haber llegado a otro mundo… no tiene nada que ver con San Petersburgo. Peleándonos con el cirílico de los mapas del metro, conseguimos llegar a nuestro hotel, a dos pasos de la Plaza Roja. Nos duchamos, descansamos un poco y nos dirigimos al Mausleo de Lenin, una de las cosas más peculariares que he visto jamás.

El Museo Estatal de Historia en la Plaza Roja

Después, disfrutamos ya con tranquilidad de la inmensidad de la Plaza Roja, comimos en los Almacenes GUM, y visitamos el interior de la Caterdral de San Basilio, que nos pareció muy curioso. Fuimos paseando hasta la Catedral de Cristo Salvador, otra maravilla tanto por dentro como por fuera, y a la animada Calle Arbat antes de ir un rato a descansar los pies al hotel. Pensábamos cenar en unos puestos medievales que vimos cerca de la Plaza Roja pero cuando llegamos estaban ya cerrados, así que después de la visita de rigor para verla iluminada, nos conformamos con unas pizzas en Sbarros, que era lo único que quedaba abierto.

Día 6: Moscú

Como en San Petersburgo, cogimos la costumbre de comprar algo para desayunar en un supermercado cercano al hotel, y una vez surtidos, fuimos en metro al parque de Kolomenskoye, donde nos gustó especialmente el Palacio de Zar Alexei Mikhailovich, aunque también varias iglesias y las reproducciones de casas típicas de madera. Después, pusimos rumbo al Mercado de Izmailovo, deteniéndonos en todas las paradas de metro que nos parecían atractivas en el camino…. repito, son una pasada.

El mercado nos fascinó por su arquitectura y aunque no había mucho ambiente por ser entre semana, disfrutamos tranquilos paseando entre los puestos y consiguiendo los souvenirs más baratos e interesantes del viaje. Comimos allí mismo barbacoa de salmón y brochetas de cordero, buenísimo.

Palacio del Zar Alexei Mikhailovich en el parque de Kolomenskoye

Aprovechando que nos pillaba de camino la estación de Kursky Vokzal, compramos los billetes de tren a Vladimir para la excursión de unos par de días más adelante para no ir con prisas y menos mal que lo hicimos, porque entre esperas y falta de entendimiento, fue una tarea de lo más compleja. Tuve que acabar chapurreando francés con una rusa residente en Toulouse para que nos echara un cable, no digo más.

Seguimos parando en alguna estación de metro más, como la increíble Komsomolskaya, hasta llegar al Centro Panruso de Exposiciones, una enorme explanada donde Stalin mandó construir numerosos pabellones para ensalzar los logros soviéticos y en la que pasamos el resto de la tarde entre fuentes, cohetes y aviones. Cenamos en un puesto allí mismo con una temperatura ideal y descubrimos por casualidad uno de los monumentos que más nos gustó: “Obrero y Koljosiana”. Finalmente regresamos al hotel tras detenernos de nuevo en algunas estaciones que nos atraían.

Día 7: Moscú

Desayunamos de supermercado y nos dirigimos a las taquillas del Kremlin para recoger las entradas que ya habíamos comprado por internet. Es absurdo no poder imprimirlas online, pero más absurdo fue tener la hora de acceso reservada a las 10:00 y acabar entrando a las 12:00… lo de las colas “porque sí” en Rusia es otro nivel. Elegimos la opción combinada de la Armería y la Plaza de las Catedrales. Nos gustó sobre todo la primera, con una interesante colección de carruajes.

Antes de salir, visitamos también la Campana del Zar y el Cañón Zar Pushka y no pudimos evitar entretenernos otro rato en la Plaza Roja y fuimos a comer a un lugar que llevábamos anotados y nos encantó: My-My, una cadena de restaurantes tipo buffet con muchísimos platos típicos (y no típicos) para elegir. Nos pusimos las botas.

Convento de Novodevichy

Después de comer, fuimos en metro al convento y cementerio de Novodevichy, algo digno de ver y que recomiendo a todo el mundo a pesar de los reparos que pueda generar. Las lápidas son obras de arte. Con el sol ya cayendo, divisamos a lo lejos la universidad, una de las “Siete Hermanas” de Stalin, como se les conoce a algunos de los edificios que mandó construir. Regresamos al hotel muy cansados no sin antes cenar en…. My-My. Sí, otra vez, pero había mucho donde elegir.

Día 8: Súzdal

Aquel día era especial, porque íbamos a salir de Moscú para hacer una excursión a Súzdal, el pueblo más bonito de la ruta conocida como “Anillo de Oro”. Para ello, cogimos al metro muy temprano hasta la estación de Kurskaya y allí tomamos el tren que habíamos reservado días ants hasta Vladimir. Un tren muy moderno y cómodo donde nos tomamos las cosas que habíamos comprado de desayuno y divisamos el paisaje ruso por la ventana durante las dos horas que tardamos. Desde allí, tomamos un autobús media hora más y llegamos al centro del bonito pueblo, donde paseando sin rumbo, nos deleitamos con sus monasterios, su Kremlin, sus callejuelas y sus preciosas casas de madera. Tenéis más información sobre cómo hacer esta excursión por libre aquí.

Al regresar, hubo un poco de crisis porque el autobús de vuelta a Vladimir no pasaba por donde en teoría debía, pero lo resolvimos volviendo a la estación al final del pueblo. Ya en Vladimir, esperamos nuestro tren de vuelta merodeando por la estación, que tenía auténticas joyas ferroviarias… un sitio para volver locos a los amantes de los trenes.  Llegamos a Moscú sobre las 21:30 y pasamos por la puerta del teatro Bolshoy, que vimos iluminado. Optamos por comprar la cena en el supermercado de al lado del hotel, que ofrecía platos preparados y la tomamos en la habitación.

Día 9: Moscú

Tocaba despedida de este país que tantísimo nos había gustado. Abortamos la misión de ir a desayunar por la Calle Arbat porque no quisimos jugárnosla con el tiempo ya que el vuelo salía a las 13:55 y el aeropuerto de Domodédovo estaba a 42 km. Afortunadamente, el transporte de este país funciona de maravilla y sólo tardamos 45 minutos desde la estación de Paveletskaya pero…. ¡sorpresa! Megaretraso del vuelo, pérdida de conexión en Suiza e incertidumbre incial. Finalmente, conseguí que nos dieran unos cupones de comida gratis que gastamos en el My- My del aeropuerto y que reubicaran en un vuelo directo de Iberia, llegando tan sólo una hora más tarde de lo previsto. Desde luego, el viaje salió redondo.

Rusia será uno de los destinos de moda este año por ser la sede del Mundial de Fútbol entre el 15 de junio y el 15 de julio. Por temperatura, el verano es ideal para planificar la visita al país, pero recomiendo intentar organizarlo fuera de las fechas de este evento para evitar la subida de precios, la bajada de disponibilidad y las mayores aglomeraciones. Diría que los meses ideales son de abril a junio y de septiembre a octubre, así evitaréis el frío y la masificación del verano puro. Sea cuando sea…. ¡corred a visitarla!

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