Palacios de San Petersburgo: Peterhof y Palacio de Catalina por tu cuenta

A todo el que decida visitar Rusia, le recomendaría comenzar por San Petersburgo. ¿Por qué? Porque es la ciudad más europea del país y viene bien como primera fase para adaptarse a lo que es su cultura. No obstante, a pesar de que la parte soviéticas está latente, es el pasado zarista lo más característico de la ciudad.

Y si hablamos de zares y dinastías, tenemos que hablar de dos palacios por experiencia: Peterhof y Pushkin. Ambas visitas se pueden realizar con agencia por medio de un tour organizado que cuesta alrededor de 80€/persona en cada caso ¿Pero y si os digo que se pueden hacer por 12-20€ cada una de de forma sencilla? Animáos.

PERTERHOF

Este palacio fue residencia de los zares hasta 1917, año en el que estalló la Revolución Rusa. Sus bonitos edificios y espectaculares jardines hacen que también se le conozca como “el Versalles ruso”. Importante saber que cierra todos los lunes y el último jueves de cada mes.

¿Cómo llegar?

La mejor opción es ir en metro hasta la estación de Avtovo (Linea 1, roja) y desde allí coger una furgoneta turística (marshrutkas en ruso.) con los números K224,K300 y K424/A. Nada más salir del metro muchos conductores os asaltarán con la palabra “Peterhof”. El precio es de 60 rublos por trayecto.

En caso de que decidáis ir en autobús, los correctos serían 200 y 210.

En ambos casos, el trayecto es de 30 minutos aproximadamente.

¿Cuánto cuesta?

Hay distintas entradas dependiendo de la parte que se quiera visitar. Siempre recomiendo cogerlas por internet para evitar las colas, sobre todo si vais en verano, aunque debo decir que éste fue el único palacio de toda Rusia en el que no tuvimos que esperar. Para comprar online la de los jardines no hay problemas de mayo a octubre, pero si quieréis visitar el interior Gran Palacio en esta época, tendréis que hacer cola en taquilla.

Jardines: 700 rublos

Palacio: 600 rublos (Horario de 12:00 a 14:00 hrs y de 16:15 a 17:45, excepto los sábados, que cierra a las 19:45)

Nosotros sólo visitamos los jardines ya que nos habían dicho que el interior no era demasiado recomendable si ibas a visitar el Palacio de Catalina, como era nuestro caso. Una cola que nos ahorramos.

¿Qué ver?

El transporte os dejará en la puerta, desde donde accederéis a los jardines superiores, que son gratuitos.

Dentro del recinto os podéis deleitar visitando las espectaculares y variadas fuentes de los jardines inferiores, que comprenden el conjunto de este tipo más grande del mundo con más de 100 hectáreas.

 

Además, paseando llegaréis al pequeño embarcadero a orillas del Mar Báltico que debe ser todo un espectáculo en invierno.

PALACIO DE CATALINA

Una visita tan dura como esencial. Y digo dura porque si vais en verano y sois turistas “low cost”, de una desesperante y larga cola no os libráis… pero todo compensa para visitar esta maravilla ¿Cómo marcharse de San Petersburgo sin ver “El Gran Salón” o la “Cámara de Ambar”?

¿Cómo llegar?

Hay que ir en metro al sur de la línea 2 y bajar en la parada de Movskovskaya. Una vez allí, hay que salir al exterior y buscar las furgonetas blancas que van a Pushkin Palace, que es cómo se le conoce en Rusia. Cuando salgáis del metro buscad La Casa de los Soviets, un enorme edificio gubernamental al más puro estilo soviético con una plaza delante en la que resalta una enorme estatua de Lenin en el Centro. Las furgonetas (K545 o K299) se toman justo delante del edificio, a la espalda de Lenin. El billete cuesta 35R por persona y el trayecto dura unos 30 minutos.

¿Cuánto cuesta?

En este caso, lamentablemente, no es posible sacar la entrada por internet. La entrada a los jardines tiene un coste de 120R y se adquiere en la taquilla exterior. Una vez dentro de los jardines, hay que hacer una interminable cola para poder acceder al Palacio y comprar la entrada dentro de éste, que cuesta 1000 rublos, esperando otra fila de nuevo dentro.

¿Qué ver?

El horario es de 10:00 a 18:00 hrs. Los jardines abren a las 10 pero el palacio no lo hace hasta las 12:00, por lo que os podéis poner directamente a hacer cola y esperar hasta su apertura, o daros una vuelta por los jardines y poneros en la cola poco antes de las 12, con lo que, si vais en verano, tendréis que esperar de pie unas 2-3 horas hasta que te llegue el turnos. Es decir, que hagas lo que hagas, de la 3 horas de cola mínimo no te libras si quieres visitar el interior, algo que a mi modo de ver es obligatorio. La opción para ahorrarse esperas es ir por medio de agencia privada, ya que los grupos tienen horas de visita concertada y estancan aún más la cola, no obstante, ya hemos comentado que esta opción es considerablemente más cara.

CONSEJO: Os recomiendo llevar comida. En el recinto sólo hay un carrito con bocadillos, bebidas y dulces, nada económico comparados con los precios de restaurantes en Rusia. Además, en temporada alta, se corre el riesgo de que se quede sin nada que vender ante la gran afluencia de gente y largas esperas.

Entre los jardines destacan el Parque de Catalina, lleno de mosaicos, la Galería Cameron, el lago y el pequeño Hermitage, una réplica de menor tamaño del palacio principal.

Si el exterior del edificio ya es maravilloso con sus tonos dorados y azul pastel, el interior es puro espectáculo. Sin duda, la estancia que más me gustó fue el Gran Salón. Con su estilo rococó me conquistó y me trajo a la memoria la película “Anastasia” y el baile al ritmo de “Una vez en diciembre”.

Las habitaciones y salones tienen aforo limitado y hay que esperar antes de que te vayan abriendo paso por los distintos pasillos. Irás pasando por estancias sacadas de una película de princesas.

La otra gran estrella del palacio es la Cámara de Ámbar, una espectacular habitación cubierta con trozos en distintos tonos de este mineral. A pesar de su fama, su aspecto actual fue recuperado en el año 2004 cuando se reformó basándose en el original. Se cree que los alemanes saquearon la estancia durante la II Guerra Mundial, con lo cual han sido sus fondos los que han tenido que financiar la restauración.

Recordad que en el palacio no se permiten mochilas, por lo que tendréis que pagar por dejarlas en taquilla.

En definitiva, no se puede pasar por San Petersburgo y no ver estos dos espectaculares palacios que dan buena fe del poderío de las grandes dinastías rusas. Las esperas valen la pena y, como siempre digo, el hacerlo por tu cuenta aporta un valor y disfrute extra a la experiencia además del considerable ahorro para el bolsillo.

 

 

 

 

 

 

 

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