Poon Hill Trekking. Día 1: de Nayapul a Ulleri

El primer día de trekking no fue nada facil para mí, pero para explicaros el por qué nos tenemos que ir un par de días más atrás: En el traslado de Katmandú a Pokhara, nos vimos inmersos en un kilomético atasco por el que tardamos más de 17 horas en recorrer los escasos 200km que separan las dos ciudades. En la vida hemos visto nada igual: Tres hileras de coche en ambos sentidos en una carretera de montaña, gente mareándose, turistas que optaron por irse andando a la desesperada, aldeas que se quedaban sin agua ni provisiones para abastecer a todos los que estábamos atrapados, vendedores ambulantes que hacían el agosto ofreciendo cualquier cosa para comer ante la posibilidad de estar allí días… se agotaron hasta los pepinos, no os digo más. El calor era importante y los coches y autobuses, por supuesto, tuvieron que apagar los aires acondicionados. En fin, un infierno y, para colmo, habíamos comenzado con el “mal del viajero” y teníamos los estómagos fatal. Teníamos previsto llegar a Pokhara a las 14:00 hrs pero lo hicimos pasada la 1:30 hrs de la madrugada, así que decidimos retrasar el inicio del trekking un día y dedicar el siguiente a reponernos de esa paliza física y mental en la agradable Pokhara.

Recobramos algo de fuerza, compramos algunas provisiones y acordamos con un taxista que nos recogiera al día siguiente en el hotel y nos dejara en Nayapul por 800R, un precio que nos pareció baratísimo. Todo pintaba mejor pero por  la noche de antes pasó algo inesperado: Se nos rompió el móvil que nos quedaba. Yo había perdido el mío en los primeros días en Katmandú y esto era un contratiempo total ¿Cómo íbamos a irnos de trekking por el Himalaya sin guía y sin teléfono por si nos pasaba algo? Me pasé el resto de la noche imaginando todo tipo de calamidades, situaciones que se podían dar y pensando en posibles soluciones a ellas. Pensé que lo más sensato sería comprar un móvil nuevo antes de salir, pero eso supondría tener que esperar a que abrieran las tiendas (y encontrar una fiable) y retrasar de nuevo el inicio del trekking. Después del día perdido en la carretera, no podíamos perder otro más…. quizá si redujeramos el trekking a 3, pero no sabíamos cómo se nos iba a dar…. En fin, no dormí nada.
A las 6:00 de la mañana, me levanté, que no desperté, y bajé a Recepción. Les pregunté si el veía muy arriesgado que nos fuéramos de trekking sin teléfono y dijeron que había bastantes guest houses a lo largo del camino y siempre habría alguien que nos podría ayudar si nos pasara algo. Además, nos dieron la tarjeta de una amiga suya que regentaba un hotel en Tikhedhungga, un de los pueblos de la primera etapa, y que tan sólo le teníamos que decir que íbamos de parte del Hotel Blossom en Phokara si teníamos algún problema. De verdad, no tengo palabras para agradecer toda la ayuda que nos dieron estos chicos.Al final, decidí que nos íbamos y seguiríamos con el plan previsto. Al fin y al cabo, existen los móviles desde hace 15 años y aún menos con internet, y la gente lleva haciendo trekkings toda la vida. Me prestaron su portátil para poder mandar un par de mensajes a la familia para decirles lo que nos había pasado y que les contactaríamos cuando fuéramos teniendo oportunidad, pero que no se preocuparan.

Nos guardaron las maletas grandes en el hotel hasta nuestro regreso y nos llevamos 2 mochilas de 32 litros con lo necesario para el trekking: Un pequeño botiquín y neceser, toalla, chanclas, calcetines, ropa de cambio, algo de comida (barritas energéticas, frutos secos, biscotes, latas de atún plátanos…) y agua. A las 7:00 apareció el taxista y partimos hacia Nayapul.

Era un día despejado y de camino, el taxista nos avisó de que miráramos a la derecha ¡Madre mía de mi vida! Ante nuestros ojos sobresalían en Machapucchre y el Anapurna III, de 6993 y 7555 metros. Me quedé bloqueada, ni siquiera saqué la cámara. Fue algo grandioso, espectacular… os juro que no tengo palabras para describir lo que es ver esos gigantes tan cerca… Es como si se te viniera el mundo encima, y eso que no son de los mayores picos.

Una hora y 20 minutos después, llegamos a Nayapul (a 1070 metros de altitud) y pagamos al taxista sus 800 rupias. Y nos dice: ¿Qué es esto? Son 1.800. ¡Lo sabía! El díad anterior sabía que me la iba a jugar de esta manera cuando me dio un precio tan barato, por eso le había repetido claramente si eran OCHOCIENTAS y siempre dijo sí, en ningún momento dije MIL. Aún no se cómo pasamos por el aro con lo que somos nosotros, pero lo hicimos… más que nada por no causar revuelo con todos los nepalís de por allí y porque, al fin y al cabo, había leído que era el precio habitual.

En fin, estábamos allí y había que comenzar a sacudirse todos los problemas y disfrutar. Eran las 8:40 de la mañana. Bajamos andando al pueblo de Birenthanti, hasta donde se puede llegar también en coche, pero desde Nayapul es solo bajada. Allí hay algunas tiendas, incluso una de móviles que no nos dio mucha confianza…. pero lo importante es pasar por la oficina de registro. En la primera pedirán en TIMS y os apuntarán en un cuaderno. Luego se cruza el primer puente y allí, en la segunda, os solicitarán el ACAP.

Ya estábamos registrados y realmente empezaba nuestra aventura en las montañas. El primer tramo fue sencillo y bastante ameno. Aunque hacía calor, procurábamos ir bien pegaditos a la montaña para que nos diera sombra. Los primeros caminantes que nos encontramos fue una pareja del País Vasco que ya bajaba con su guía y nos habló maravillas del trayecto.

Nos metimos por senderos más estrechos, atravesando vegetación, riachuelos y puentes colgantes. El entorno era realmente bonito.

Llevábamos los calcetines por encima de los pantalones y nos rociamos las zapatillas con sal y Relec, un remedio que nos recomendaron para evitar las sanguijuelas, muy comunes en la zona.

Pasado un buen rato, el camino se empezó a complicar y cambiamos los llanos y bajadas por subidas por pistas cada vez más empinadas. El calor iba apretando y la sombra desaparecía. Empecé a pasarlo mal. Tengo una forma física decente, pero entre los problemas de estómago, la escasa alimentación y la falta de sueño de la noche anterior, estaba bajo mínimos.

Aun así trataba de continuar… pero estaba que echaba el hígado y hasta me planteé abandonar. Si en teoría eso era la etapa más fácil ¿aguantaría el resto? En serio, me las ví muy muy crudas pero con constancia y paciencia, llegamos a Tikhedhungga, y saludamos a la amiga que nos había comentado el recepcionista. Allí hicimos un descanso largo, bebimos agua fresca y comimos plátanos, cacahuetes y unas barritas energéticas aún a riesgo de liarla más estomacalmente hablando, pero necesitábamos energía ipso facto. Me repuse y continuamos.

El pueblo de Tikhedhungga, está muy desperdigado, con casas bastante separadas entre sí y hasta que lo atravesamos por completo fuimos alternando llanuras, pequeñas bajadas y subidas, lo que iba haciéndolo más llevadero. También me tranquilizaba el hecho de ver casas particulares y guest houses a lo largo de todo el camino a las que podríamos recurrir si necesitábamos ayuda, además de algunos trekkers como nosotros, aunque no muchos. En un tramo conversamos con una pareja de italianos que iban con su guía, pero se pararon a comer y nosotros seguimos con nuestro camino.

Afortunadamente, las nubes taparon el sol y el ambiente se hizo mucho más fresco, lo que también facilitó las cosas. Pasado el último puente de Tikhedhungga, comenzamos la parte más dura: Las escaleras. Subir, subir y subir durante varias horas como si se fueran acabar todos los escalones del mundo, cada vez más irregulares, cada vez más pequeños y cada vez más empinados… La foto yo creo que refleja el tramo más sencillo.

Con paciencia, agua y descansando, logramos hacerlo y finalmente llegamos a Ulleri, nuestro destino del día, a las 15:00 hrs. Habíamos calculado 6 horas y media y a pesar de todo, lo habíamos clavado. Estábamos a 2010m. Habíamos subido 1000 de desnivel, que así dicho no parece nada pero es MUCHO.

Coincidimos en la llegada con los italianos y nos alojamos en el primer hostal del pueblo, a la derecha: Super View Guest House y aquí pusimos en práctica un truquito: Nos pidieron 400R por habitación doble (muy básica y con baño compartido) y yo le pregunté que si cenábamos y desayunábamos allí nos la dejaba gratis. Dijo que sí, pero que no se lo dijera a otros huéspedes. 400 R de ahorro, que en España no es nada pero en Nepal eran el contundente desayuno de los dos. Además hay que tener en cuenta que la comida y la bebida en la montaña son más caras cuanto más se sube.

Comimos una de las latas de atún de tamaño mediano con los biscotes y nos echamos una merecida siesta pero de repent, me noté algo húmedo en el brazo que reposaba sobre mi costado. Me levanté sobresaltada y ¡sorpresa! Una sanguijuela chupando directamente de mi cadera. A mí, dadme arañas, dadme cucarachas o dadme dragones de Komodo, pero no me deis un animal sin patas… no puedo. Me la arranqué de un manotazo y la estampé con la zapatilla. Medía sólo medio centímetro pero ¡qué asco!  A prtir de ahí me entró la paranoia y no fui capaz de estar tranquila en la habitación. Me había revisado de arriba abajo cuando me había quitado la ropa y estaba segura de que no tenía ninguna. La heridita abierta que me djó era minúscula, pero estuve apretándome un rato y no paraba de sangrar… algo común por lo visto. Me duché y me tapé todo lo que pude antes de bajar al comedor, donde los italianos me hicieron el favor de prestarme su móvil para mandar un Whatsapp a casa.

El resto de la tarde lo pasamos en el comedor charlando con los viajeros que iban llegando, todos jóvenes de nuestra edad de Perú, Líbano, Estados Unidos… La verdad es que había un ambiente genial. El viajero que va a Nepal, es un viajero de verdad, de corazón. Conocimos a personas interesantísimas y con miles de historias a lo largo y ancho del mundo y disfrutamos de una cena temprana pero de lo más amena conversando con ellos. Nosotros pedimos un arroz con pollo para compartir, dos vasos de limón con agua caliente, dos huevos revueltos y dos fritos. Nos sentó todo de maravilla. La idea inicial era desayunar y cenar fuerte y pronto en los hostales e ir comiendo de nuestro stock, y de momento si el estómago nos seguía respetado, íbamos bien.

Nos fuimos a dormir muy temprano, no sin antes disfrazarme de ninja: mayas, calcetas por encima, y sudadera con capucha puesta para que ni me rozara ninguna de esas chupasangres. La primera etapa estaba superada y seguíamos vivimos y enteros. ¡Menos mal que gané la batalla a mi mente y no me había echado atrás!

GASTOS DEL DÍA PARA 2 PERSONAS
– Taxi a Nayapul: 1800R
– Agua helada: 60R

Total: 1860 R (14,38€)

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