La Puglia es una región al suroeste de Italia, digamos, en el tacón de la bota y la parte inmediatamente superior. Esta zona se caracteriza por estar plagada de pueblitos costeros, muy populares entre el turismo nacional, y playas de aguas cristalinas.
¿Cómo llegar?
El aeropuerto de la zona que recibe vuelos internacionales es el de Bari, aunque también se puede llegar haciendo escala al de Bríndisi. Desde Nápoles es un paseo, más de 300km pero si se alquila coche y se combina con esta ciudad o con la Costa Amalfitana puede ser una opción. Nosotros lo hicimos así.
¿Cuánto tiempo emplear?
La duración ideal del viaje depende de si se cuenta o no con vehículo propio y de lo que se quiera visitar. En caso de tener coche, diría que lo ideal es una semana para ver así los pueblos principales y también dejar tiempo para disfrutar de sus playas. En caso de querer visitar la zona en transporte público, lo cual es posible gracias a la magnífica red ferroviaria de Italia y las líneas de autobús, necesitaremos algo más de tiempo por tener que dedicar más a pueblos y traslados, ya que la frecuencias según qué trayectos no son muy altas.
Nosotros dedicamos 3 días a la zona, 4/5 si contamos con el de la preciosa Matera, una ciudad que si bien pertenece a la provincia de Basilicata, está muy cerca de Puglia y se suele incluir en las rutas. Cabe reseñar que este viaje no fue uno en exclusiva a la zona, sino una extensión al que hicimos por Nápoles y la Costa Amalfitana como he dicho antes. Teníamos claro que en esta ruta incluiríamos la ciudad de Matera, y ya que íbamos a alquilar coche para ello y disponíamos de unos días más, añadimos 3 completos para visitar los puntos que más nos interesaban de esta región.
Os cuento cómo los distribuímos y qué hicimos en cada uno de ellos.
Día O. Viaje en coche Nápoles – Matera
Recogimos el coche en Nápoles hacia las 15:00 e iniciamos un largo camino por carreteras secundarias para evitar peajes hasta llegar a la provincia de Basilicata. Allí vistamos el acueducto del pueblo Gravina in Puglia, que, al igual que la ciudad de Matera, sale en la película de James Bond “Sin tiempo para morir”. Nos hacía ilusión.

Después llegamos a nuestro alojamiento en Matera, nos duchamos, dejamos las cosas y fuimos caminando al centro para cenar. Lo hicimos en Il Rusticone que recomendamos muchísimo: Fueron las mejores pizzas del viaje y estaba bien de precio. También visitamos el interior de la Iglesia San Giovanni Battista, que de noche tenía un aspecto sobrecogedor.
La ciudad estaba animadísima, llena de turistas y locales en un ambiente de “pueblo de veraneo”.
Día 1. Matera
Dedicamos el día completo a visitar esta magnífica ciudad, una de las más antiguas del mundo. Callejeamos un montón por el centro, primero por el Sassi Caveoso y luego por el Sassi Barisano. Compramos las entradas para ver “Cassa Groto”, una visita que recomendamos para hacerse clara idea de cómo vivían los habitantes de la ciudad en los sassi excavados en la roca hasta mediados del S. XX, así como varias iglesias rupestres.
También entramos al Duomo, que nos encantó. Comimos en y nos retiramos a descansar al alojamiento hasta que bajara un poco el sol. Era agosto y el calor, importante.

Por la tarde, fuimos en coche hasta el Parco della Murgia Materana para ver la ciudad de frente después de andar un trecho. Por el camino hay carias iglesias rupestres pero sólo se pueden visitar con guía. También se puede cruzar a esta zona desde el Sassi Caveoso atravesando los puentes tibetanos.
Cenamos con vistas al Sassi Barisano, tomamos un helado en la plaza y nos despedimos de esta magnífica ciudad, uno de los lugares más bonitos en los que hemos estado, con las vistas nocturnas desde el mirador en la plaza de Vittorio Veneto.
Día 2. Puglia: Alberobello, Locorotondo, Cisternino y Ostuni
Dejamos pronto matera y nos adentramos en Puglia, visitando varios de sus pueblos más famosos.
Alberobello: Quizá sea el más popular (y, por tanto, turístico) de todos gracias a sus trulli, casas redondas blancas con un tejado gris en forma de cono, muy curiosas y pintorescas. Son típicas de la zona de Apulia, pero es en este pueblo donde se encuentra el mayor número. Con toda la zona azul ocupada, aparcamos en el parking privado a la entrada del pueblo (6€/ día). Simplemente nos perdimos por la zona de los trulli, paseando y curioseando en tiendas. Antes de marcharnos, pasamos por el mirador (belvedere) situado en 27 Via Brigata Regina para tener una vista algo panorámica.

Locorotondo: A unos pocos kilómetros está este pueblecito blanco. Es como trasladarte a un verano en el pueblo, la verdad: Casas blancas impolutas con flores, plantas, ropa tendida, olor a suavizante… Había luces de verbebena que entendíamos que sería por la noche, porque lo cierto es que de día encontramos el pueblo bastante vacío, cosa que agradecimos también después de Alberobello. Aparte de callejear por su casco histórico circular, pasamos gratis a ver la Chiesa Madre de San Giorgio Martire y el mirador de Villa Comunale.

Cisternino: Este pueblo nos gustó bastante y tenía un aire similar a Locorotondo, pero con más animación y frases poéticas decorando las paredes. Aprovechamos para comer en Piko’s (económico y con mucha variedad, no en el puro centro) y tomar un helado. Después fuimos al alojamiento, un AirBnB situado en el pueblo de Ceglie Mesapica, donde pasamos el resto de la tarde huyendo del calor en la piscina.

Ostuni: Fue el pueblo que más nos gustó. Al atardecer tiene una luz preciosa y está animadísimo, no sé si ocurriría lo mismo al caer el sol en el resto de pueblos que vimos. Subimos hasta la parte alta de la ciudad, visitamos el Duomo de Santa María Assunta de forma gratuita y fuimos paseando por todo el centro histórico hasta acabar bordeando la muralla. Después cenamos estupendamente en Chez Elio y tomamos otro helado antes de volver al alojamiento.

Día 3. Puglia: Lecce y playa en Torre Lapillo.
Pasamos la mañana en Lecce, la denominada “Florencia del Sur”. Es una bonita ciudad, máximo exponente del barroco, pero habiendo estado en ambas, tengo que decir que Florencia gana por goleada. Hicimos una ruta a pie pasando por los patios del Castillo de Carlos V, la Piazza Sant’ Oronzo y por el exterior de sus iglesias más famosas, ya que al contrario que en la mayoría de las ciudades italianas en las que he estado, la entrada no es gratuita y además, bastantes de ellas estaban en obras. La única sin coste era la de San Antonio della Piazza y está muy lejos a nivel ornamental de la mayoría que vimos en este viaje. Sin duda, lo que más nos gustó es la fachada de la Basílica de la Santa Croce, aunque el anexo estuviera en obras. Comimos rico pero informal y bien de precio en Un Morso al Duomo.

Por la tarde, no quisimos irnos de la zona sin probar esas magníficas aguas de la zona de las que tanto se habla así que nos dirigimos a la zona de Torre Lapillo. Ahí es donde están varias de las mejores pero ésta era una calita que no estaba nada masificada. Concretamente era en la Riserva Naturale Orientata Regionale Palude del Conte e Duna Costiera – Bosco dell’Arneo. Si hubiéramos tenido más días en la zona y no hiciera ese inmenso calor, sin duda habríamos alargado por allí para disfrutar de las playas (Punta Prosciutto, Porto Cesareo y más de Torre Lapillo). Ojalá tengamos oportunidad de volver en mayo, junio o septiembre.

Al atardecer, quisimos volver a pasear por Ostuni, aunque no demasiado porque empezó a chispear. Nos metimos a cenar a Sax Risto, un sitio con una carta extensa, rica y económica, pero recomiendo reservar en terraza porque está lleno y dentro hace mucho calor.
Día 4. Puglia: Monopoli y Polignano a Mare
Monopoli: Al llegar, lo primero que visitamos fue el Duomo, gratis y bonito. Luego fuimos callejeando por todo el casco histórico hasta llegar a la Iglesia de Santa María del Sufragio (gratuita) que esconde un tesoro de lo más tétrico: Esqueletos de diversos monjes y personajes ilustres de la ciudad. Nos entraron ganas de darnos un chapuzón en la pequeña playa de Porta Vecchia, con unas aguas preciosas, pero había demasiada gente. Continuamos bordeando la ciudad por el paseo marítimo hasta volver al centro por el Porto Antico. Toda la zona estaba de lo más animada, se notaba que es un pueblo de playa y que tiene ambiente a todas las horas del día. No nos pudimos marchar de allí sin probar un helado de Bella Blu uno de los más ricos, grandes y económicos del viaje.

Polignano a Mare: En la línea de Monopoli pero aún con más gente. Siendo un pueblo costero muy conocido y en pleno agosto, no podía ser de otra manera. Paseamos por todo el centro histórico, un gran tramo bajo carteles de luces con la letra de la canción “Volare”, ya que su autor, Domenico Modugno, es natural de allí. Otro paseo que recomiendo es bordear la costa y asomarse al mar desde los distintos miradores, que nos regalarán las estampas más típicas del lugar.
Nuestro plan era bañarnos en la playa de Lama Monachile, la más famosa del pueblo, pero había demasiada gente para lo pequeña que era, así que seguimos caminando. Poco más alante que la estatua de Domenico Modugno, otro de los highlights del lugar, dimos con la Grottone, una playa de roca con piscina natural para los peques. Obligatorias cangrejeras, eso sí. El agua de la pequeña estaba como caldo, así que si queríamos refrescarnos, que falta hacía, teníamos que saltar a la parte del mar ¡Deliciosa!.

A media tarde, dejamos Polignano y pusimos rumbo a Nápoles, durmiendo en un pueblo por el camino.
Con todo lo que hicimos, acabamos totalmente satisfechos con la ruta, ya que vimos todo lo que nos interesaba y consideramos que nuestra selección fue perfecta para el tiempo que teníamos y lo que nos apetecía hacer. De haber tenido más días, habríamos visitado sin duda Bari y dedicado uno o dos días más a la zona de playas, el puro tacón, junto con Otranto y alrededores, que tenía buenísima pinta, pero hacía un calor excesivo incluso para estar a remojo. Si podéis elegir (nosotros no), tratad de visitar esta zona en junio o septiembre, con un clima apto para el baño pero sin ser el pico del verano.